Moises T. de la Peña Meléndez



Arturo

Tíos Paternos y Maternos: ¡Cómo?


No está por demás agregar algunas referencias sobre los familiares de mis padres. Los tíos paternos fueron, por orden de sus edades:


Anselma, casada con Antonio Peña, una hija viva y una muerta de corta edad; la tía murió a los 50 años.

Ma. de Jesús, casada con Graciano Torres, murió sin hijos a los 79 años.

Mi padre, Pablo, de 83 años.

Rosa, casada con Rodrigo González, dejó tres hijas casadas, una sin hijos, y murió a los 76 años.

Enrique, casado con Herlinda de la Peña, tuvo nueve hijos, una soltera, ocho casados y con hijos, murió a los 80 años.

Carlos, casado con Elvira de la Peña, tuvo tres hijos; dos de ellos casados, con hijos y nietos; murió de 62 años.

Agustín, único soltero de la familia, murió a los 47 años.

Arturo, casado como los restantes hermanos en Iturbide, con Francisca Meléndez, de Linares, tuvo cinco hijos que no conozco, y murió en Texas, de alrededor de 60 años.

Altagracia, se casó con Rutilio Torres, tuvo siete hijos: tres casados, con hijos, uno casado, sin ellos, y tres solteros; ella murió en 1,971 en  Iturbide, de 94 años. Sólo ella y Ma. de Jesús murieron en el pueblo.


Promedio de edad de los nueve hermanos: 69 años.

Mortalidad infantil: dos hijos de los abuelos, uno de Anselma y y uno de mis Padres.

Calle Juárez ( vista desde Morelos )
Calle Juárez ( vista desde Morelos )

Los tíos por parte de la familia materna, también por orden de edades:

Filiberto, casado en Linares con Belén Meléndez, cuatro hijos, uno muerto en la Revolución, y casados los restantes, con hijos y nietos; murió de cerca de 80 años.

Mi madre, Ana, murió de 64 años.

Eustolia, casada con Francisco Martínez, de Iturbide, tuvo siete hijos: uno muerto en la Revolución y los restantes casados, con hijos y nietos. Ella murió de alrededor de 70 años.

Tía Eustolia


José María, casado en Iturbide con Teresa Belloc, tuvo cinco hijos casados y con descendencia; murió de alrededor de 75 años.

Los abuelos maternos, de nueve hijos que tuvieron, dos gemelos, perdieron cinco infantes en una epidemia de viruela; y
mi madre de sus hijos logrados sólo perdió un niño.

El proceso migratorio rural, que desde la Revolución adquirió en forma sostenida caracteres cada vez más agudos, se aprecia si se agrega aquí que de los cuatro abuelos dos murieron fuera de su pueblo, y diecisiete de sus veinticuatro hijos y consortes: el 70%. De los cuarenta y un nietos vivos de mis abuelos maternos y paternos, treinta y uno radican fuera: el 75%. De los nietos de mis padres tan sólo, por no conocer la totalidad de los de sus hermanos, treinta y nueve del total de cincuenta y uno se hallan en el mismo caso: 76.5%.

En resumen, los abuelos paternos y maternos de un total de veinte hijos perdieron siete infantes, un altísimo 350 al millar, que era normal en el siglo XIX. En tanto que sus hijos sobrevivientes de un total de sesenta hijos sólo perdieron dos, 33 al millar, lo que es excepcionalmente bajo, aun referido a los países desarrollados.