Andanzas y Peripecias en Iturbide


Desacato a la Primera Autoridad

En sesión del Cabildo, en noviembre de 1916, el 1er. Regidor Francisco Galindo Sánchez planteó se consultara a “la Superioridad” cómo actuar respecto a los pagos de capital que hicieron los deudores del Municipio durante 1914 y 1915 con papel constitucionalista (bilimbiques), que circulaba con valor de plata, y presentó un borrador para que se le sacara copia en limpio y lo firmara el Alcalde Ángel Meléndez, ofreciendo que él “lo mandaría con un propio”, a lo que el Alcalde se negó.

Cuando Galindo se retiraba de la Presidencia quiso llevarse los documentos “viéndome en la necesidad de dar orden de arresto, para él”,  decía el Alcalde, pero como devolvió en el acto tales documentos quedó sin efecto la orden. Meléndez pedía no hubiera obstrucciones en aquella Administración ( pp. 43-4).

Las tropas revolucionarias en su paso por la Villa cobraban a los vecinos impuestos en especie, en 1917 el Alcalde Ángel Meléndez proporciona una lista de ciudadanos que “facilitaron pasturas a las fuerzas que habían pasado por Iturbide … como fueron: Francisco de la Peña, Rita y Pablo Meléndez, Graciano Torres, Pablo E. de la Peña, Ramón Sánchez, Aureliano Velasco, Manuel Dávila, Francisco Martínez G., Eusebio Velasco Solís, Felipe Meléndez, Eusebio Velasco Casas, Manuel Martínez, Manuel Meléndez y Carlos Martínez”  (p. 45).

Pared en Camarones

Carreristas en Camarones

El Juez Auxiliar de Camarones informó que el 13 de abril de 1917 asaltó dicha Comarca una partida de 245 hombres bajo las órdenes del General Francisco Carrera Torres, quienes cometieron una serie de tropelías, entre las que contaba  que “cintarearon” a varios vecinos, robaron ropa y algunos materiales que tenían las familias (mujeres), además de abusar de ellas -señoras y señoritas-.

Estos carreristas estuvieron en la Comarca del 13 al 15 de abril y quemaron el aparato telefónico cuando se fueron hacia la Hacienda de Vacas, en Río Blanco (Aramberri).

En su paso también quemaron el rancho La Joya, de Tunamanza, propiedad de Juan Basaldúa Marroquín “quien los tiroteó al frente de cuatro hombres” en Santa Inés, y aunque “les hizo un muerto y dos heridos”, él se vio obligado a huir a la sierra debido a que le faltó parque y al considerable número de carreritas enemigos.

Se supo por los vecinos de las otras comarcas que allá no cometieron desórdenes, aunque los amenazaron con volver y fusilarlos si informaban de su paso.

Además “el vecindario está emigrando a gran prisa para distintos puntos, y es muy probable que no muy tarde quede despoblada la mencionada Comarca de Camarones” (pp. 44-5).

Rastrojo (en "La Laguna")

Tranquilino y Trinida´ o Préstamos al Gobierno

Aunque el Teniente Coronel Tranquilino Torres era originario de Camarones, para 1917 residía en Galeana. En mayo de ese año se presentó ante el Alcalde Ángel Meléndez a solicitar las armas del Municipio y procedió a incautárselas a los vecinos que tuvieran algunas, quienes protestaron que las necesitaban para defenderse, pues merodeaban partidas de carreristas. Torres recogió a Pablo E. de la Peña cuatro mulas, tres carabinas y una caja de parque (p. 46).

Esta situación provocó que Pablo E. de la Peña al ser citado en la Presidencia Municipal declarara que aunque tenía una carabina 30-30 y 200 cartuchos para ésta, más 100 de Máuser, no la entregaría; que “el artículo 10º de la Constitución facilita portar armas”, y aseguró “tener también permiso del C. Alcalde Primero para portarlas”. Dijo que estaba dispuesto a ayudar en lo posible facilitando algunos de sus cartuchos.

David de la Peña, quien fuera Alcalde Primero Suplente, se quejo de que el Mayor Trinidad Torres “libró orden de aprehensión contra él” por no haber entregado una pastura que Torres solicitó sin previo pago, y que dicha aprehensión no se llevó a cabo “por haber huido yo un día a la sierra”.

El 2 de agosto del citado año todavía no regresaba el Mayor Torres las seis carabinas 30-30, 100 cartuchos, monturas y parque para Máuser que había recogido en calidad de préstamo, según “consta en los recibos que a los dueños  expidió”. Dichas armas eran las únicas con que contaban el Ayuntamiento y los vecinos: Aureliano Velasco, Manuel Meléndez, Baldomero Martínez, Joaquín Sánchez, Graciano Torres, Pablo E de la Peña y Ángel Meléndez (pp. 47-8).

Cerro del ejido "Tejocotes" (cacerio "La Colorada" en la base)

La Mayor de las Hermanas ¿o  Sólo Mujer de Frontera?

Apolonia (Pola) Meléndez estaba en su casa cuando le avisaron que a su suegro don Pablo E. de la Peña lo tenían amarrado de las manos los soldados, y se lo iban a llevar caminando hasta Galeana por haberse negado a entregar unas armas y parque, como había ordenado el Teniente Coronel Torres (p. 46).

Elías, esposo de Pola, no estaba en casa, y la familia de don Pablo ya se había ido para Linares, así es que inmediatamente fue a ofrecer a los soldados llevarlo ella, pero éstos le respondieron que tenían orden de partir en ese momento.

Pola fue y enganchó una mula al Vogue (pequeño coche de un asiento para dos pasajeros), y se fue tras el grupo con la esperanza de alcanzarlo por el Camino Real, pero no lo logró sino hasta La Colorada, donde los soldados le permitieron desatarlo y que subiera con ella al coche.

Años después, durante el verano, a don Pablo le seguían molestando las cicatrices en las muñecas de las manos, y sus hijas decían que Pola no era cuñada sino la mayor de las hermanas. En realidad fue la esposa del hermano mayor.

Abuela Apolonia Melendez y Abuelo Elías de la Peña

Resguardando Bilimbiques

Ángel Meléndez declaraba en diciembre de 1917 que esperaba resarcir “paulatinamente” las pérdidas que el capital municipal había sufrido con motivo del papel moneda constitucionalista “que aún está depositado en la Secretaría de Hacienda, por así convenir a los intereses del Municipio” (p. 48).

Morillos apoyados en cerca de piedra

Cristiano Asesinado en El Madroño

Tomás Alonso, del Potrero del Madroño, informó el 20 de noviembre de 1917 que su nieto Daniel Gómez, menor de edad de doce años, andaba echando unas vacas y al estar parado por el lado del barranco vio unas auras en el pino. Acudió al lugar pensando que estaría algún animal muerto, pero lo que encontró al centro del arroyo que baja de El Pinito fue el cadáver de un cristiano.

Al enterarse el abuelo, éste se hizo acompañar por Patricio Alonso, Jesús Rodríguez, Priciliano Balderas, Diego Ortiz, Catarino Hernández, Mónico Cuéllar, Santos Fraustro, Luis Ibarra, Fidel Tienda, Pedro y Fabián Regalado, Blas Ruiz, Guadalupe Martínez, Julián Mariscal, y de Florentino Ramos como deudo del finado. Tan luego como llegaron a donde estaba el muerto confirmaron que éste era Simón Flores, y al examinar el cadáver encontraron que tenía cinco lesiones en la cabeza, hechas con arma cortante, “lo que allí mismo le causó la muerte”.

Aunque el difunto no tenía ninguna herida de arma de fuego, encontraron donde creían que comenzó la riña un cilindro de pistola calibre 44 con tres casquillos adentro, disparados, y un tirador en el suelo.

Florentino Ramos dijo que Flores se fue a dormir a una laborcita que tenía en Los Nogales, pero que cuando él fue el domingo por la mañana a verlo sólo encontró la frazada de aquél.

Agregaba don Tomás en su informe que Ramos no tenía una conducta muy buena por aquellos lugares sino más bien perjudicial a “los intereses ajenos”, y como el cuerpo de Simón ya estaba “bastante corrompido” para el momento de ser examinado, se le dio sepultura en el mismo lugar de los hechos (pp. 48-9).

Escándalo a Tiros en Tunamanza

Anastasio Moreno, vecino de Tunamanza (hoy Benito Juárez), informó que el 23 de noviembre, como a las diez de la noche, Genovevo Silva y Tomás Luna se presentaron en casa de Antonio Luna y en el patio de su casa “tiraron un tiro y siguieron tirando más tiros y gritando”, burlándose de los vecinos de aquel caserío.

Aquella misma noche se “perdieron” una cabra de Nicolás Vélez y media fanega (aprox. 45 kgs) de maíz que había en la labor de Carlos Luna (p. 50)

Asalto en la Boquilla

El Alcalde Ángel Meléndez solicitó el traslado “ya fuera a la Penitenciaría del Estado o a la cárcel de Linares” del reo de homicidio Francisco Reyes, soldado desertor de la gente de Tranquilino Torres, de Galeana, quien el 30 de agosto de ese año junto con Gorgonio Torres y otros dos individuos asaltó y maltrató a Donaciano Luna (p. 50).

Pasan Cuatreros Rumbo a Galeana

A fines de 1917 ya era de nuevo Alcalde Suplente Manuel Dávila, pues Ángel Meléndez renunció en agosto por cambio de residencia, “siendo de urgente necesidad”.

Dávila reportó al Gobierno del Estado que Victoria Gaona le informó de una partida de bandoleros, formada por 20 ó 30 sujetos, que asaltó a su hijo de 12 años, quien cuidaba ganado de Longino Rodríguez, y que se llevaron la totalidad de éste. Los hechos ocurrieron en El Agua Blanca, en la Sierra de Tapias, y la partida de cuatreros “pasó rumbo a Galeana” (p. 50).