Andanzas y Peripecias en Iturbide



Barda de Piedra

Guerra de Reforma

Al acercarse a Linares las fuerzas conservadoras de Tamaulipas, y sabiendo que Mariano Escobedo había pedido “auxilio de gente”, se dispuso que el Capitán Juan de la Peña reuniera a los pocos soldados de la Guardia Nacional que quedaban en la Villa, pero se sobresaltaron los ánimos y los vecinos resolvieron ir en masa en auxilio de Linares, por lo que el Alcalde decidió acompañarlos.

Don Antonio Meléndez quedó a cargo de la Villa, “previniéndole que ponga en alerta a los sirvientes” en puntos estratégicos del Cañón para así dificultar a las fuerzas del enemigo la comunicación entre Tamaulipas y Matehuala, en caso de que ocuparan Linares (Alvarado S., “Repaso …”  P. 23).

Vidaurri tenía militarizado al Estado, pues integró Las Guardias Nacionales  con todos los ciudadanos aptos para la guerra: la Guardia Móvil con los solteros, viudos y casados sin hijos; y la Sedentaria  con todos los demás. Es “digno de notarse que aquel caudillo sabía infundir en sus subordinados tal entusiasmo, que todos iban a la lucha más por propia voluntad que por obligado reclutamiento” (Roel,  pp. 165-6)

Se presentaron ante las autoridades municipales tres de los soldados de la Villa que estuvieron en la Batalla en el  Puerto de Carretas, S.L.P. (17 de abril de 1858), cuando las tropas de Zuazua (“Rifleros del norte”, “Los Blusas de Zuazua” o “Los Blusas Rojas”) derrotaron a las de Miramón. Declararon que habían aprovechado la desbandada durante dicha batalla para desertar, pero que ya sabían del triunfo liberal y estaban dispuestos para volver al frente. Se les proporcionó auxilio y pasaportes, para que las autoridades de los lugares por los que transitaran los apoyaran, y se les dio un comunicado para el Sr. Escobedo en que se le informaba de lo sucedido (Alvarado S., “Repaso …, pp. 25-7).

La Secretaría de Guerra solicitó 50 vaquetas para silla de montar, pero sólo se consiguieron 10, las que se enviaron para la Capital con el correo extraordinario, quien personalmente verificó que las tenerías no tenían más (Alvarado S., Repaso … , P. 38).

EL Comandante Marcos Rodríguez solicita desde Cadereyta el envío de 50 caballos, pero la Villa no sólo no tiene más caballos sino que está quedando hasta sin hijos, éstos van de una División del Ejército a otra, y lo último que se sabe es que “pasaron últimamente al ejército del C. Santos Degollado” ( pp. 38-9).

El 19 de noviembre de 1858 se detuvo contrabando de plata en pasta, que se llevaba de San Luis Potosí para tierra adentro (Linares). La carga “consta de 24 arrobas, 17 libras en pasta de plata, en 8 bultos y 16 piezas, y además las bestias y otros objetos … sólo quedaron asegurados los arrieros en calidad de arresto” (p. 39).

Don Leandro Martínez solicita se le entregue pensión que corresponde a familias con soldados en campaña, pues tiene tres hijos en servicio, pero dos de ellos se  presentaron voluntariamente en Galeana (Alvarado S., Repaso … , p. 41).

Francisco M(artínez) Salazar, Dios y Libertad

El 11 de diciembre de 1858 Don Francisco Martínez Salazar solicita permiso para dejar temporalmente el cargo de Alcalde pues, aunque sabe que “la Superioridad” dispuso que sigan las mismas autoridades municipales, necesita atender sus asuntos personales que se hallan expuestos a la ruina. Despedida: Dios y Libertad (pp. 42-3).

En cumplimiento de la orden del Teniente Coronel Mariano Escobedo, salieron de la Villa 10 soldados de la Guardia Nacional pertenecientes a la reserva, al mando del Alférez Apolonio Meléndez. Van bien montados, armados y socorridos con tres pesos por plaza (p. 44).

Escobedo solicita desde la Hacienda de Solís se le envíen de la Villa otros 10 hombres, pero es imposible hacerlo por carecer absolutamente de caballos y monturas, pues ya salieron a campaña otros 20 soldados, y “ha quedado el vecindario en total miseria” (p. 44).

En lo referente a la Ley de Desamortización de Bienes del Clero, del 3 de marzo de 1858, se informa que: “hay una labor que concedieron los vecinos presentes al fundarse el pueblo para subvenir a las atenciones al culto del Santo Patrón Titular, tal finca no se ha considerado de las que comprende la ley ...” (Alvarado S., Repaso …, p. 45).

Reporte de Don Francisco M(artínez) Salazar

Gómez Danés transcribe, respetando la ortografía de la época, un reporte hecho por don Francisco M(artínez) Salazar (de nuevo en funciones), fechado el 30 de enero de 1860, que localizó en el AGENL (Monografías … I, pp. 6-14).

En ese documento Martínez Salazar informa que los principales oficios de los habitantes de la Villa son: curtidor de pieles, zapatero, carpintero, sastre, herrero y albañil (p. 8).

Menciona que los edificios públicos existentes son (pp. 9 y 10): la iglesia (en construcción), las Casas Consistoriales -o Presidencia- (en construcción), el establecimiento de instrucción primaria (en reconstrucción, pues por el momento se halla en casa de un particular), la cárcel y el panteón (en buen estado).

Panteón Municipal

La iglesia y el panteón desde entonces han tenido la ubicación actual, las demás instituciones estaban en el edificio localizado en las calles que hoy llevan los nombres de Madero (antes Comercio) y Carranza, donde topa esta última con la primera al subir del Arroyo La Colorada hacia el norte.

En cuanto a caminos públicos informa que “el principal (es el) que atrabiesa la población y conduce á tierra dentro ó al interior de la República” (p. 11).

De paso señala: “El Sup(eri)or Gobierno conoce mas á fondo las ventajas de interes público que presenta un camino de ruedas por cualquiera de las Bocas de la Sierra” (Tanto por el Cañón de Santa Rosa como por el Pilón Viejo             -Rayones- sólo había caminos de herradura).

También reporta que para esa fecha ya se había nombrado a “los suficientes ciudadanos” para que ejercieran el servicio de “cordilleros” o correos (p. 12). Estos eran las personas de cada municipio que transportaban la correspondencia oficial, ya fuera pie a tierra o a caballo, a través de la Sierra o Cordillera, de los límites de un municipio vecino a los del otro. En el caso de los cordilleros de Iturbide, por aquella época, lo hacían del Puerto de los Encinos, en Galeana, hasta Las Anacuas, en Linares.

Respecto a las Guardias Nacionales había algunos  problemas: La “fuerza suceptible de campaña asciende á una compañía de sesenta y tantas plazas entre g(uar)dia movil y sedentaria; están nombrados los oficiales respectivos, pero en cuanto á armamentos solo se cuenta con once fusiles y dos rifles, y respecto al parque, correaje y demas útiles, se carece en su totalidad … Hay ejercicios doctrinales los dias festivos respecto a giros y demás evoluciones, no haciendolos en el manejo del arma por ser muy pocas las que hay” (pp. 13-4). .