Actas, Informes, Cuentos y Leyendas

 
Lupe y Pitoche

Lupe (José Guadalupe) y Pitoche (Manuel de Atocha) durante su vida fueron mandaderos, arrieros o pastores.

De joven Pitoche se fue a trabajar por algún tiempo a Saltillo, cuando regresó a San Pedro compró algunas cabras con el dinero ahorrado, y propuso a Lupe que se fuera a vivir con él a La Colorada. Lupe aceptó y, sin saberlo, adelantándose a su tiempo vivieron en “Sociedad de Convivencia”.

Pitoche pastoreaba sus cabras y las de otros desde La Colorada hasta el Puerto de Reina, y Lupe tallaba lechugilla o recuperaba animales que caían en sus trampas.
-¿Y fueron felices por siempre?.
-Tal vez sí o tal vez no, pues eran tan humanos como tú y como yo. Pero generosos sí que lo fueron: ya de viejos compartieron sus vidas y  pocas pertenencias con Petra, una anciana que no tenía con quién o de qué vivir. 

Sólo quien carga el morral sabe lo que lleva adentro.

Arroyo (de temporal) Jaures (antes Jaureguí)

¿A Calzón Quitado o “Sin Calzones”?

Es común que tratemos de explicarnos lo nuevo en base a lo conocido hasta que vamos diferenciando, como el bebé que al principio llama a todo animal “guaguá”, y luego sólo lo hace con los peludos de cuatro patas.

Si no tenemos información suficiente sobre algo hacemos suposiciones, nos inventamos cuentos, mitos o leyendas. El riesgo puede estar en que no tratemos de verificarlos e ir más allá, pues si lo hacemos van surgiendo nuevos conocimientos, técnicas o hasta podemos aceptar que lo que afirmábamos sólo era literatura, una forma de embellecer o hacer interesante nuestra gris y monótona realidad cotidiana.

Hasta mediados del siglo pasado en Iturbide se podía ver en temporada de lluvias que cuando las aguas del arroyo corrían ya cristalinas, los muchachos de La Loma bajaran a bañarse y jugar en las pozas que formaban a su paso las crecientes.

Como para meterse al agua se desnudaban en la orilla, para nadie era un secreto que usaban el pantalón “a raiz”.

Cuando los niños o jóvenes de la ciudad llegaban al pueblo en vacaciones y se metían a nadar en las pilas en que se juntaba el agua para regar los árboles frutales, era frecuente escuchar que les gritaran desde La Loma que traían “calzones de vieja”, por más “varoniles” que fueran los colores de los trajes de baño para hombre en aquella época. 

También por entonces de vez en cuando circulaban entre los jóvenes y los mayores algunas fotografías de “viejas en calzones”, trajes de baño. 

Fuera del pueblo todos somos solteros, y aquí muy compartidos.

Espejo de agua en el arroyo

Huevos que no Empollan

Al jubilarse don Luis de su empleo en la ciudad y regresar al pueblo pensó que no sería bueno para él sentarse a esperar la muerte, por lo que buscó algo en que entretenerse y que pudiera ser de utilidad a sus vecinos.

Decidió poner una pequeña granja y venderles los huevos al costo para así mejorar su dieta. Compró y crió a las pollitas, buscó el mejor alimento que le recomendaron para cada etapa, y cuando estas principiaron a poner algunos de los habitantes del pueblo le compraron huevos, pero pronto dejaron de hacerlo. Hasta allí llegó la granja.

Tiempo después, por casualidad, escuchó el comentario de que “no sabían que les hacía a los huevos porque no empollaban”.

¿A usted se le hubiera ocurrido el tener que explicarles a campesinos que para que los huevos empollen son necesarios los gallos en el gallinero?.

Hijo de la Tierra

Cota quería que registraran a su hijo como sin padre, porque era hijo de la tierra.

El Juez del Registro Civil, que era un gritón, le preguntó a grandes voces: pero mujer ¿cómo esperas que alguien te lo crean?, a no ser que a lo que te refieras sea a que “te dieron una revolcada”.